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A lo largo de la vida atravesamos cambios que implican despedirse de algo conocido para dar lugar a una nueva etapa. Una separación, una mudanza, un proyecto que no pudo concretarse, un cambio laboral o familiar pueden movilizar procesos de duelo, aun cuando muchas veces no los reconozcamos como tales.

Hay momentos en los que seguir funcionando no significa necesariamente estar bien. Cumplir, responder, cuidar, trabajar, resolver. A veces podemos sostenerlo todo durante mucho tiempo sin advertir cuánto nos está costando. Hasta que empieza a pesar de otra manera.

Atravesar un duelo no significa dejar atrás a quien perdimos ni alcanzar un momento en el que la ausencia deje de importar. El duelo implica un trabajo psíquico singular: encontrar, poco a poco, una manera posible de vivir con aquello que cambió para siempre.