El duelo no es olvidar: aprender a vivir con una ausencia

20.07.2026

Atravesar un duelo no significa dejar atrás a quien perdimos ni alcanzar un momento en el que la ausencia deje de importar. El duelo implica un trabajo psíquico singular: encontrar, poco a poco, una manera posible de vivir con aquello que cambió para siempre.

No todos los duelos se viven de la misma manera

Cada duelo es singular porque también lo fue cada vínculo.

No se atraviesa de la misma manera la muerte de un padre, de una pareja, de un hijo o de alguien con quien quedaron palabras pendientes. Tampoco existen tiempos universales ni una secuencia ordenada de etapas que todas las personas deban transitar de igual modo.

Hay días en los que la ausencia parece tolerable y otros en los que vuelve a sentirse con una intensidad inesperada. Esto no significa retroceder. El duelo no sigue una línea recta.

Hay ausencias que no se superan: se aprende a vivir con ellas.

El duelo no consiste en dejar atrás

A veces se piensa el duelo como un proceso que debería conducir, finalmente, a dejar atrás aquello que se perdió. Como si elaborar una pérdida significara desprenderse del vínculo, cerrar una etapa y continuar sin que esa ausencia vuelva a interpelarnos.

Sin embargo, elaborar un duelo no implica borrar lo vivido ni dejar de sentir. La persona que ya no está continúa formando parte de nuestra historia, de nuestros recuerdos y también de aquello que somos.

Con el tiempo, lo que puede transformarse no es la importancia de ese vínculo, sino la manera en que esa ausencia encuentra un lugar en la vida psíquica.

"Elaborar un duelo no es olvidar. Es encontrar una manera posible de vivir con aquello que cambió para siempre."


Encontrar una manera propia de atravesar la ausencia lleva tiempo. No hay una forma correcta de hacerlo ni un momento preciso en el que el duelo pueda considerarse terminado.

A veces, el dolor se transforma lentamente. Otras veces reaparece frente a una fecha, un lugar, una canción o una escena cotidiana que vuelve a hacer presente aquello que falta.

Poder hablar de esa pérdida, poner en palabras lo que duele y darle lugar a aquello que quedó sin decir puede formar parte de ese trabajo de elaboración.

Un espacio terapéutico puede ofrecer un lugar para transitar ese proceso sin exigencias ni tiempos establecidos, respetando la singularidad de cada historia y de cada vínculo.

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